Calamares a la romanaSeguimos con nuestra serie de artículos acerca de las tapas. Tras conocer un poco de historia y repasar platos tan típicos como la tortilla de patatas y los chorizos a la sidra, hoy toca hablar un poco de pescado. Porque claro, ir a una ciudad a orillas del Mediterráneo y no probar al menos algún plato con alimentos extraídos del mar sería ciertamente contradictorio.

Y comenzamos con un plato que, normalmente, suele servirse como compañero inseparable de las patatas bravas: los calamares a la romana. Son, sencillamente, calamares cortados en anillos (tras haberlos limpiado antes, por supuesto), rebozados y fritos en aceite muy caliente. Es típico, además, servirlos con una rodaja de limón para esparcirla sobre los calamares si así se desea. Es un plato tan habitual que, además de en los bares, existe la posibilidad de adquirir en la gran mayoría de supermercados los calamares congelados ya preparados para su fritura, con lo que nos evitamos la tediosa tarea de tener que limpiarlos y cortarlos.

Los calamares a la romana no son exclusivos del Mediterráneo: en otros países con costa se preparan de forma similar, pero con las salsas más tradicionales o populares de la zona. Es un plato, pues, que se presta a múltiples variantes, desde la más suave hasta la más picante (en México, por ejemplo, se suelen comer con tabasco, una salsa extremadamente picante).

Pescado fritoEl siguiente plato del que vamos a hablar tiene también un gran número de variantes y se consume en gran parte de la geografía española (al menos la que tiene costa): se trata del pescado frito, llamado pescaíto frito en Andalucía, y posiblemente el rey indiscutible de las tapas de esta parte de España.

No hay un tipo de pescado específico para elaborar este plato, pero se recomienda que éste sea pequeño y con pocas espinas, como el chanquete, el salmonete o la sardinilla. En ocasiones se utilizan también pescados de mayor tamaño como la pescadilla y la caballa, lógicamente troceados antes de freírse.

El pescado frito se elabora rebozando el pescado en harina, friéndolo en aceite de oliva y espolvoreándolo con sal como único condimento. Al revés que los calamares, que a veces se sirven cuando están ya fríos, el pescado frito se suele servir caliente, recién frito. Este plato es altamente versátil, ya que puede servirse como aperitivo, como entrante o incluso como plato principal (dependiendo de la cantidad de pescado empleada, la ración puede ser muy contundente).

También pueden servirse acompañados de una rodaja de limón para que el comensal, si lo desea, lo esparza sobre el pescado. Se dice que este plato ya lo consumían los romanos en la antigua Roma, y aún hoy en día es muy común en muchas zonas costeras de España.

Con esto, nos despedimos hasta el siguiente artículo, con el que cerraremos este pequeño repaso al fascinante mundo de las tapas. ¡Hasta la próxima!