Con el mercado económico inestable y el valor de diferentes monedas en alza antes de precipitarse por los suelos, es bueno saber que sigue habiendo por lo menos algo bueno en que confiar. Hoy en día el vino sigue siendo una válida inversión para muchos expertos; pese a la reciente caída de los precios, botellas de los más deseables vinos (conocidos como oro líquido) han conservado su valor a través de la más grave crisis financiera internacional.
Las subastas de vino son prestigiosos eventos, en el marco de elegantes paisajes con hasta 1.000 lotes en oferta, algunos con un valor de decenas de miles de dólares. Durante la última subasta de Christies, una caja de Chateau Mouton Rothschild Bordeax de 1982 en venta por solo 4.500$, mitad de su valor estimado, alcanzó al final del día más de 4.000.000$.
Los verdaderos conocedores tienen un proverbio: “la procedencia es el todo” y hoy en día continúa siendo válido. Un buen vino es ante todo la suma de una gran viña, pero la ubicación, el método y la duración del almacenaje también juegan un importante papel. Por ejemplo, el Sauternes Château d’Yquem de 1816, se recoge directamente de las bodegas del castillo francés donde se producía en origen, garantizando un vino de primera calidad. Varias cajas fueron compradas recientemente por 49.000$ en una subasta gestionada por Zachys, un marchante de vino, líder en Nueva York, por un anónimo comprador que esperaba gastar solo 30.000$.
Hoy en día también la tecnología juega un importante papel, con compradores internacionales que compran on line o en subastas virtuales. Eso permite a los compradores, pujar durante un periodo que va desde dos semanas hasta tres meses, monitoreando las ofertas y llegando automáticamente al límite propuesto. Contrariamente a las subastas privadas, donde solamente se puede acceder con invitación, las subastas virtuales permiten a todos los participantes, desde China hasta California, pujar por el mismo objeto. De todos modos y frecuentemente, al final de la subasta se organizan tanto cenas como fiestas, en honor del comprador que pujó más alto.








