(Segunda parte)

Santiago Grisolía durante la entrevistaSevero Ochoa

Padre Sobrino, cura jesuita, era un entusiasta partidario de la investigación y del estudio. Sin embargo, a pesar de un prometedor comienzo, las cosas no estaban yendo como Santiago deseaba. “Fue una época bastante frustrante. Me encontraba continuamente viajando de Nueva York a Washington DC buscando un puesto de trabajo hasta que, por fin, un día conocí a un investigador español que me presentó a Severo Ochoa.”

Ochoa tampoco estaba en su mejor época profesional, ya que le acababan de echar del hospital Bellevue de Nueva York. Afortunadamente, Isidore Greenwald reconoció el potencial de Ochoa y le ofreció utilizar su laboratorio, ubicado justo en frente del hospital. Asimismo, Severo Ochoa supo reconocer las posibilidades del joven Santiago Grisolía y le ofreció trabajar en el laboratorio junto con su reducido equipo de asistentes. “Fue una etapa muy especial. Los instrumentos de laboratorio eran aún muy primitivos y limitados, pero trabajamos duro creando, además, un fuerte vínculo como equipo.”

“Solíamos reunirnos a menudo con otros científicos, tanto extranjeros como americanos, y conversábamos sobre los últimos adelantos. Se trataba de un pequeño grupo de científicos cuya relación acabó creando fuertes lazos entre sus miembros.” Durante esta época fue también cuando Santiago comenzó a destacar como investigador científico, contribuyendo enormemente al trabajo del equipo de Ochoa en lo que a la síntesis proteica se refiere.

Fue también durante estos años que Santiago empezó a elaborar sus propias teorías sobre los procesos involucrados en el ciclo de la urea, un ciclo metabólico en el cual el amoníaco se convierte en urea. Posteriormente desarrolló y comprobó dichos teoremas al mismo tiempo que encabezaba proyectos de investigación primero en la Universidad de Chicago y posteriormente en la de Wisconsin, donde conoció a su mujer Frances.

“Frances acababa de finalizar su doctorado en fisiología y el jefe de nuestro departamento sugirió que fuera mi asistente. En lo profesional el resultado no fue muy exitoso, pero personalmente sí.” Tal fue así, que se casaron al poco tiempo.

Santiago Grisolía: ahorro para imprevistosUna orgullosa herencia

Después de trabajar varios años como profesor asociado en Kansas, Santiago se tomó un año sabático y volvió a España donde consiguió que la Caja de Ahorros de Valencia le financiara sus proyectos de investigación. “Algo muy inusual y difícil de conseguir entonces. Eso sí, fue un proceso muy burocrático.”

Gracias al apoyo de la Caja de Ahorros de Valencia se fundó el Instituto de Investigaciones Citológicas, donde Don Santiago se convertiría, a su vuelta en el año 1977, en el jefe del departamento de investigación de la estructura celular. Posteriormente, siendo el guardián del legado de Severo Ochoa, fundó un museo en su nombre.

En el año 2002, el instituto y el museo se mudaron y cambiaron de nombre. El instituto se convertiría en el Centro de Investigación Príncipe Felipe y el museo en una exposición permanente dentro de dicho centro: El Legado de la Ciencia: Severo Ochoa. Ambos se encuentran dentro del complejo de La Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Después de una larga y notable carrera profesional en la que ha publicado más de 400 artículos científicos, varios libros, recibido reconocimientos y galardones, sido miembro de organismos científicos, Santiago Grisolía continúa tan activo e involucrado como siempre, alentando a la nueva generación de científicos a perpetuar el trabajo que Severo Ochoa y él comenzaron.

Email this to someoneShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on LinkedIn