Las maquetas de PhilFlyPhilFly es una de esas personas que impresionan por su incansable espíritu, su entusiasmo y su deseo de disfrutar de la vida.

Abogado y promotor, con una natural afinidad por la ingeniería y el vuelo, PhilFly desafía la tan arraigada creencia de que las personas se dividen en dos grupos; los de letras y los de ciencias.

Es humilde en lo que respecta a sus logros, siendo además un hombre que no suele mirar atrás. Su visión se concentra en el camino que hay por delante, focalizando su atención en aquella tarea que esté realizando en ese momento o en las cosas que aún le quedan por aprender, experimentar y conseguir.

Hijo de españoles, se crió en Venezuela y en los EEUU. PhilFly iba encaminado a ser piloto de las fuerzas aéreas, pero su padre le persuadió de que primero estudiase derecho. Al acabar la carrera quiso retomar su antiguo sueño, pero los compromisos del negocio familiar – una empresa dedicada a la distribución de tecnología de comunicaciones – se lo impidieron.

“Me pasaba mucho tiempo trabajando y estudiando,” explica PhilFly, “pero, siempre que podía, salía a pilotar la avioneta.” Su trayectoria profesional le llevó a afincarse en España, donde su padre había adquirido terrenos y tenía planeado  un proyecto de construcción en la región que le vio nacer; Albacete.

“Era un campo de negocios totalmente nuevo para nosotros y, lo que más nos costó, fue aprender cómo funciona la dinámica de la burocracia de los ayuntamientos y demás. Lidiar con ello es algo que requiere una postura filosófica y la paciencia de un santo, pero al final logramos construir, entre otros, varios centros comerciales.”

Impresionante circuito de carreras diseñado por PhilFlyPhilFly se estableció en España, dirigiendo los negocios desde su hogar situado cerca de la ciudad de Valencia y sin dejar de disfrutar de su gran hobby. “Vuelo con mi Piper Cherokee 6-300 desde el aeródromo de Castellón. Es la mejor manera de relajarme siendo, además, una forma de transporte muy práctica.”

Aparte de acudir a citas dentro del territorio nacional, también se desplaza pilotando su propia avioneta cuando tiene reuniones internacionales. Como muchos pilotos expertos, PhilFly ha vivido alguna que otra experiencia que le pone a uno los pelos de punta al escucharla. Un ejemplo es la anécdota ocurrida cuando se dirigía a Múnich junto con cuatro colegas.

“Cerca de la frontera francesa se desencadenó una tormenta y, a pesar de que se trataba de una avioneta muy estable, no quise correr ningún riesgo y decidimos buscar un sitio donde aterrizar para poder esperar hasta que se calmase la tormenta.”

Encontraron refugio en una base de las fuerzas aéreas francesas cerca de Perpignan. “Cuando por fin pudimos continuar ya era bastante tarde. Al sobrevolar los Alpes era de noche y, de repente, se paró uno de los motores.”

Esta incidencia les obligó a prepararse para un aterrizaje forzoso en Zúrich. Bajo las instrucciones de la torre de control y siguiendo el manual, PhilFly consiguió a los dos minutos volver a poner en marcha el motor que había fallado – durante ese tiempo, la avioneta había perdido 2,000 pies de altitud. “Aterrizamos en Friedrichshafen, despertando a los pobres locales a las dos de la mañana con un inesperado aterrizaje de emergencia”, cuenta PhilFly entre risas.

El banco de trabajo donde PhilFly deja volar su imaginaciónPor suerte esta historia se quedó en un episodio anecdótico que, eso sí, no contribuyó a la hora de tranquilizar a su mujer respecto a dicha afición. A pesar de que PhilFly es un piloto responsable, muy consciente de los peligros que conlleva volar, tiene afán de superación y sueña con conseguir el “más difícil todavía”: pilotar un helicóptero.

“Pilotar un helicóptero es mucho más complicado ya que requiere un tipo de coordinación distinta. Si tienes un fallo mecánico, no planeas, sino que te desplomas cual lingote de hierro.” Tal peligro no hace que deje de disfrutar e interesarse por todo aquello que tenga que ver con los helicópteros.

Tal es su interés, que se ha convertido en un apasionado coleccionista y artista de helicópteros de aeromodelismo. Con una escala de uno a seis, se tratan de perfectas réplicas de las cuales ya ha vendido varias a otros coleccionistas. Aún así, el garaje de su casa está a rebosar; algunas réplicas son tan grandes que casi se puede subir a ellas.

“Tú no cabrías,” se ríe PhilFly,”pero quizás se podría sentar un gato en el asiento del piloto, aunque no creo que el pobre animal lo disfrutase demasiado.” En la actualidad su razón de máximo orgullo y alegría es el último modelo Dassault Gazelle, con las insignias del ejército del aire francés.”

Confiesa que dicho hobby despierta el niño que lleva dentro. “Mi mujer muchas veces me dice que soy el niño grande de la casa”, nos cuenta sonriente PhilFly, “pero bueno, todos sabemos que la vida no es siempre de color de rosa, así que es importante encontrar maneras de relajarse y canalizar la energía de manera positiva.” Sabias palabras de un hombre que sabe saborear la vida con todo su jugo.