Chester Himes escritorChester Himes no tuvo una vida fácil. Contrariado por el racismo de la sociedad norteamericana de principios del siglo XX, su complicada infancia y su paso por la cárcel le convirtieron en un hombre áspero. Pero de las cenizas surgió un escritor excepcional, un ex convicto bohemio que trazó durísimos relatos y ácidas novelas de serie negra que, como otras grandes historias, eran aplicables a múltiples épocas y contextos. Buscando una serenidad que no había podido experimentar en toda su vida, con 60 años se trasladó a Moraira, donde pudo vivir en paz sus últimos años.

Chester Himes nació en Missouri en 1909 en el seno de una familia afroamericana de clase media. Debido al itinerante trabajo de su padre, profesor, jamás arraigó en ningún lugar. Tuvo una infancia complicada y conflictiva. Su expulsión de la universidad le sumió definitivamente en la delincuencia, y a los 19 era condenado a 20 años de cárcel por robo. Una dura estancia en la penitenciaría de Ohio le motivó para empezar a escribir. Se hizo una máquina de escribir y vio desde la celda como sus primeros relatos eran publicados. A los siete años salió de prisión con la intención de no volver y poder vivir de la escritura.

Moraira Harlem Sepulturero Jones Ataud Ed JohnsonSus primeras novelas no tuvieron éxito en los Estados Unidos, pero fueron bien recibidas en el continente europeo, especialmente en Francia. En 1950 se trasladó a París, atraído por su ambiente literario y la aceptación de sus obras. Allí conoció a su esposa, Lesley, y comenzó a escribir la serie de novelas que le hicieron mundialmente famoso: Por amor a Imabelle (1957) inauguraba la saga criminal que glosaba el Harlem oculto, a través de los ojos de los detectives Sepulturero Jones y Ataúd Ed Johnson, duros, violentos y honrados. “La gente del barrio no sentía ningún respeto por los policías negros. Respetaba en cambio sus pistolas grandes y relucientes y la muerte súbita. En Harlem solía decirse que la pistola de Ataúd podía cargarse a una piedra y que la de Sepulturero podía enterrarla”.

En 1969, algo frágil ya de salud, se trasladó junto con su mujer a Moraira, en la Costa Blanca. En su casa, una villa en la urbanización Pla del Mar, escribió sus últimas novelas y sus memorias. Sus últimos años los pasó allí, mientras su salud se iba deteriorando tras décadas de abusos. Desde su habitación, Himes veía el mar y se deleitaba con el Peñón de Ifach. Allí se sintió alegre y complacido por la vida, según su mujer. La brisa mediterránea y la tranquilidad le debieron sentar bien a un espíritu tempestuoso que había ardido con ímpetu. Chester Himes fallecía en 1984 tras una larga enfermedad. En Moraira queda el recuerdo de un anciano apacible y un pequeño monumento frente al mar, obra de Rothraud Meindorfer. En la memoria colectiva quedan sus novelas, quedan Sepulturero Jones y Ataúd Ed Johnson, queda el grotesco, crudo y despiadado Harlem.