El éxito de la primera fase de la misión de la NASA en Marte ha sido noticia en todo el mundo, desde que el robot explorador Curiosity aterrizara el lunes 6 de agosto en el cráter Gale. Durante los dos próximos años, este extraño vehículo (semejante a un (i)buggy(i) de la era espacial) recorrerá 19,3km por la superficie del cráter, incluyendo el monte Sharp, que es más alto que el monte Rainier, el pico más alto de los Estados Unidos de América.

El aterrizaje del Curiosity fue recibido con vítores entre los habitualmente impasibles y serios científicos del centro de control de misiones de la NASA en Pasadena, y muchos de ellos repartieron barras de chocolate Mars a sus colegas para celebrarlo, pero en medio de todo este júbilo pocos se pararon a pensar en la contribución española.

El 17 de marzo del pasado año, representantes de España y EEUU se reunieron en Madrid para firmar un acuerdo de cooperación para contribuir con recursos a este proyecto puntero. Los asistentes fueron Alan D. Solomont, embajador americano en España, Arturo Azcorra, director del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial y Jaime Denis, director del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial. Gracias a las investigaciones españolas, el Curiosity podrá medir los cambios meteorológicos diarios y estacionales; la estación de monitorización ambiental (Rover Environmental Monitoring Station, REMS) utilizará sus antenas para mandar mensajes a la Tierra y también podrá recibir comunicaciones del centro de control de misiones en Pasadena.

Cuando el Curiosity se ponga de verdad manos a la obra en Marte, enviará de vuelta todo lo que encuentre a varias antenas parabólicas situadas en Goldstone, en California, Canberra, en Australia y Robledo de Chavela, en España, tras lo cual la información será recopilada y analizada por el equipo de la NASA.

Además, los conocimientos científicos españoles han hecho posible la antena HGAS, que permite la comunicación directa con el equipo de Pasadena.

En cuanto se hizo evidente que el (i)buggy(i) había sobrevivido a la fase EDL (siglas en inglés para entrada, descenso y aterrizaje) de la misión, la atención de los científicos se trasladó inmediatamente al problema de lo que podrían encontrar en el planeta rojo, que tanto tiempo lleva fascinando a la humanidad, desde mucho antes del inicio de la era espacial.

Parece poco probable que el Curiosity encuentre alguno de los populares “hombrecillos verdes”, pero sea lo que sea lo que descubra, será gracias, al menos en parte, a la comunidad científica española.