El fallecimiento de Michael Jackson fue por lo menos tan fastuoso como toda su vida, demasiado breve. Adicto a las compras, la familia del Rey del Pop aseguró que recibió la despedida que sin duda hubiera querido. Los preparativos del funeral de Jackson hubieran podido ser apropiados para el presidente del gobierno de un pequeño país Europeo, cubierto con un magnífico terciopelo azul personalizando el brillante féretro de bronce y recubierto de oro. Los tickets de entrada se vendieron por la módica cifra de 25.000$, coste superior a la renta anual de muchos de los integrantes de la multitud de fans, destrozados por su muerte, que no consiguieron una de las 17.000 entradas disponibles para participar en el concierto en su honor, en el Staples Centre de Los Ángeles.
Y como Elvis y John Lennon antes, el nombre de Jackson posee todavía más respeto póstumo que el que recibía cuando escenificaba frente al público, su famoso paseo lunar. Hace poco tiempo el cantante había roto un nuevo record en una subasta con un objeto de dudoso valor: su última lata. Un fan sueco hizo una oferta de 50.000$ por la última lata de bebida energética Mystery (que promocionaba desde el 1995) abierta por Jackson.
En noviembre los fans online podrán apostar para conseguir el que se piensa haya sido el coche de la familia Jackson durante la infancia de Jacko, un Cadillac Fleetwood del 1971. Otros artículos en venta comprenden pelo por 500$ el mechón, una impresión en cartón y de tamaño natural de su imagen, sacada del video musical de Bad por 750.000$ y un sombrero de Billie Jean del Victory Tour de 1984 por 500.000$, cubierto de manchas de chocolate en el borde. Se puede discutir hasta el infinito estos precios en tiempos de recesión, y también sobre las muchas excentricidades de esta estrella, pero las pruebas de su talento se quedarán aquí con nosotros durante mucho tiempo.






