Las calles de La HabanaDesde el primer momento en el que mis pies se posaron sobre el suelo de la capital cubana, me quedé prendado de esta ciudad. No podría ni siquiera nombrar una razón específica; la exuberante simpatía de sus habitantes? La frágil belleza de sus desgastadas fachadas? Los brillantes colores de los coches antiguos? Fuera lo que fuese, lo cierto es que me fascinó esta particular mezcla caribeña. A través de mi objetivo descubrí que La Habana es también fotogénica, intensa y multifacética.

Explorar la ciudad a pie (que es como debería hacer siempre un fotógrafo) es, a la vez, estimulante y agotador. Hay que sufrir doloridos pies y piernas, pero no hay mejor manera para empaparse de la esencia de la ciudad, descubriendo así hasta los más escondidos rincones y recovecos.

Al contrario que otras famosas ciudades, La Habana no alardea de enormes edificios históricos o de zonas claramente definidas como de interés turístico pero, para un buen observador, la ciudad se despliega ante sus ojos de una manera mucho más profunda e inusual. Sus edificios hechos jirones exponen una belleza llena de encanto singular. Sus calles se encuentran repletas de hileras de coches antiguos y de la ingenuidad de un pueblo cuyo aislamiento parece haber congelado el tiempo.

Músico en el paseo marítimo frente al famosos mar de La Habana.En un pasado fue la “niña bonita” del mundo revolucionario, convirtiéndose posteriormente en un anacronismo histórico. Su incapacidad para estar al día y seguir el ritmo medio de desarrollo económico, le ha llevado a una forma de aislamiento auto impuesto. Dicho estado es transitorio pero, en la actualidad, el visitante no puede evitar el egoísta pensamiento de agradecer el poder ser testigo de este período, ya que La Habana ofrece un abanico de impresiones que son muy casi imposibles de encontrar en el mundo moderno.

El objetivo de la cámara disfruta especialmente en la zona de La Habana Vieja, donde la decadencia de un pasado esplendor colonial convive con una fascinante atmósfera caribeña. Aquí se palpa con fuerza la singularidad de la ciudad y sus gentes. Disfruta de un Cohiba, uno de los más codiciados habanos, o del famoso ron local y la música te encontrará. Bolero, rumba y salsa son los ritmos omnipresentes en las calles y bares de esta ciudad sin igual.

Thomas Dressler