Las invitadas a las bodas generalmente se hallan en una encrucijada; deben estar lo bastante guapas como para no avergonzar a su familia o insultar a la novia, y a la vez no estar tan increíblemente guapas como para eclipsar el vestido de novia.

Esto es aún más importante cuando se asiste a una boda real, un evento muy público tras el cual los vestidos de los invitados se analizan sin cesar y reciben críticas en todos los periódicos, desde los tabloides sensacionalistas hasta la habitualmente seria e imperturbable prensa diaria.

Muchos de los más virulentos comentaristas de moda en el Reino Unido estuvieron de acuerdo en que uno de los mayores éxitos en el vestir en la reciente boda real británica fue el de la Princesa de Asturias. Tal vez, debido a su boda en el año 2004 tan reciente en la memoria, se puso en el lugar de Catherine Middleton y eligió el traje perfecto.

Por supuesto, la Duquesa de Cambridge y la Princesa de Asturias tienen mucho más en común que su interés en las ropas de diseñador; ninguna de las dos pertenecía a la realeza europea hasta que se casaron. El Príncipe Guillermo de Gales es el segundo en la línea de sucesión al trono, el Príncipe de Asturias es el primero y, hasta su matrimonio con Letizia Ortiz Rocasolano, al Príncipe Felipe se le acusaba de no permanecer mucho tiempo con la misma mujer, algo similar a la situación del padre del Príncipe Guillermo, el Príncipe de Gales.

Prácticamente todo el mundo está de acuerdo en que, bajo la influencia de Letizia, la popularidad del Príncipe Felipe ha aumentado enormemente. No sólo le ha dado a España las infantas Leonor y Sofía, sino que, además, esta ex periodista extremadamente inteligente también ha aumentado las posibilidades de supervivencia de la Familia Real Española. Naturalmente, los británicos esperan que esta alianza entre el Príncipe Guillermo de Gales y Catherine Middleton suponga una alianza igualmente exitosa.

Mucho menos cercanos al pueblo llano que la realeza española, los Windsor han tenido que superar una gran cantidad de mala prensa durante las últimas décadas, siendo su peor momento el inmediatamente posterior al de la muerte de Diana, la Princesa de Gales, debido a que se les acusó de falta de tacto y sensibilidad. Se afirmó, incluso, que únicamente la intervención del Primer Ministro persuadió a la reina para que volviese a Londres de sus vacaciones de verano en Balmoral, y mostrara algo de solidaridad con su conmocionado público.

La familia Middleton también ha tenido que soportar varios años de escrutinio por parte de los medios británicos, que relataron varios incidentes vergonzosos en los que se vieron implicados algunos de sus miembros. La Princesa de Asturias vio cómo el suicidio de su hermana menor se convertía en un asunto de interés nacional más que en una tragedia familiar y, como divorciada, el tema de su pasado era especialmente problemático.

No es fácil para una persona de la calle adaptarse a los, normalmente, extraños rituales de la vida en la realeza, pero si la Duquesa de Cambridge desea que su matrimoio con el segundo en la línea de sucesión al trono de Inglaterra sea un éxito, le irá mejor si se fija en cómo actúa Letizia, la Princesa de Asturias, y la silenciosa dignidad que siempre demuestra.