Es bien sabido que las inmobiliarias se dedican a la venta de viviendas, pero dentro de ese concepto tan amplio se hallan ciertos segmentos que destacan por tener características y requisitos muy específicos. Ser agente inmobiliario dedicado a representar propiedades suntuosas y tener como clientes a multimillonarios reconocidos y exigentes es sin duda alguna una profesión muy concreta y especializada.
Se trata de un segmento regido por la discreción y la paciencia, en el que las propiedades pueden llegar a estar en el mercado varios años pero cuyo volumen de negocio maneja millones y millones de euros. Los propietarios exigen integridad, la protección de su privacidad y en última instancia resultados, y es por ello por lo que se buscan a profesionales con un nombre consolidado y experiencia sólida en el sector. Sin embargo, dado que este tipo de propiedades están al alcance de un número reducido de clientes, no suelen anunciarse para que las vea cualquier persona. Por este motivo acciones tan cotidianas como organizar una visita suelen ser algo más complicadas de lo habitual.
Moverse por las altas esferas
“En este segmento la clave es establecer relaciones”, afirma José Ribes, director de Inmobiliaria Rimontgó. “El mejor marketing que puede realizarse de las propiedades más importantes reside sobre todo en crear relaciones y contactos duraderos dentro de los círculos apropiados”. Estamos hablando de un mercado considerado casi como un ‘círculo cerrado’, por lo que cada paso debe realizarse con delicadeza, por lo que informar sobre el precio, realizar ofertas y llevar a cabo posibles negociaciones son actos que implican una gran sutileza.
Con todo el trabajo realizado y con los conocimientos que sólo pueden obtenerse con la experiencia, comercializar inmuebles en la cumbre del mercado puede ser también una experiencia muy glamurosa. “A lo largo de los años hemos trabajado con las propiedades más impresionantes que uno se pueda imaginar”, dice Ribes, “hasta llegar un punto en el que vendemos islas privadas, villas exóticas con helipuerto privado, spa, hipódromo y sala de cine, por no mencionar playas privadas y propiedades en los lugares más paradisíacos”.
Incluso en el sector más privilegiado del mercado inmobiliario se han dejado sentir los aires de cambio. “El mercado es cada vez más internacional y tanto las propiedades como los compradores provienen de todos los rincones del mundo. De hecho, antes podías más o menos identificar por la edad y el aspecto a un cliente potencialmente interesado, pero ahora puedes estar enseñándole una mansión de millones de dólares a un chico con ropa informal”. Lo que sí que no ha cambiado es el nivel de conocimientos, de servicio y de respeto que se les exige a todos los agentes de este sector tan especializado.





