Esta bella isla ha sido históricamente un destino preferente de vacaciones tanto para turistas españoles como extranjeros, pero recientemente ha incrementado su reputación como “escondite” para famosos de talla internacional – por no mencionar a la familia real española que cada año disfruta de unas semanas en su retiro veraniego, el Palacio de Marivent.
Últimamente, Mallorca se ha convertido en un deseable destino de segunda residencia para celebridades que disfrutan del clima mediterráneo pero prefieren evitar a los paparazzi. Algunos personajes muy conocidos son propietarios de casas allí: Michael Douglas, Catherine Zeta Jones, Richard Branson, Claudia Schiffer y Boris Becker.
Aún así, ellos no son los primeros famosos aficionados a la isla; en el pasado ha recibido a visitantes tan ilustres como el compositor Chopin y su amante George Sand, la escritora francesa Anaïs Nin, el poeta británico Robert Graves y las estrellas de Hollywood Charlie Chaplin y Ava Gardner.
Mallorca, la mayor de las Islas Baleares, ofrece a los residentes y visitantes un paisaje variado y visualmente impresionante, con dos zonas montañosas y un gran número de hermosas calas y fantásticas playas.
Ahora Rimontgó se complace en ofrecer a sus clientes la oportunidad de adquirir casas de lujo en Mallorca, desde amplias casas de campo en un entorno rural hasta casas imaginativamente restauradas en áreas más urbanas como Pollensa.
Comprar una finca o casa en esta popular isla es un pasaporte a un estilo de vida relajante que se puede disfrutar todo el año. Los veranos raramente son excesivamente calurosos, mientras que los inviernos son generalmente suaves.
A complementar este agradable escenario contribuye el hecho de que esta relativamente pequeña isla alberga no menos de 2.400 restaurantes, un tributo a la capacidad de esparcimiento de la población local.
Robert Graves, que hizo de Mallorca su hogar durante la mayor parte de su vida, lo dejó bastante claro: “La primera persona que me recomendó Mallorca fue Gertrude Stein. Gertrude, que siempre decía cosas sensatas, me aseguró que los mallorquines eran personas alegres y honestas, culturalmente similares al sur de Francia, y agricultoramente aún en el siglo XVIII. Añadió que no había ningún truco en absoluto – si me gustaba el paraíso, Mallorca era el paraíso.”






