Antonio Escario se licenció en uno de los períodos más emocionantes en la historia de la arquitectura. Muchos pueden asociar a la década de 1960 con estilos arquitectónicos influenciados por una ingeniería funcional característica de la postguerra, pero también fue un período de gran optimismo y experimentación, que tuvo su mayor expresividad en el estilo Modernista.

“Fue un gran momento para salir al escenario”, dice Escario. “Hubo mucho creatividad y energía en mi profesión durante esos años, en parte motivadas por una gran confianza en el futuro y en lo que la tecnología podía hacer para mejorar la vida.” En la actualidad quizás seamos un poco más escépticos, sopesando los beneficios y las desventajas del progreso en general, pero no puede negarse que aún ahora seguimos volviendo a aquella época que produjo muchos de los clásicos del diseño, que se mantienen actuales hasta el día de hoy.

“Estaban los Grandes, como Oscar Niemeyer, por ejemplo, pero, en realidad, el proceso había comenzado incluso antes, en los años 1920 y 1930, cuando ‘Los 5 Magníficos’, Le Corbusier, van der Rohe, Lloyd Wright, Aalto y el movimiento Bauhaus de Gropius, establecieron el modelo de lo que hoy llamamos diseño y arquitectura moderna.” Sobre la base de su magnífico legado, pero siempre consciente de la necesidad de evolucionar y desarrollarse con los tiempos, Escario ha desarrollado una maestría propia, que se ha convertido en parte del paisaje físico y cultural del Este de España.

Un punto de referencia en Valencia: La Pagoda

Con menos de treinta años, fue comisionado junto con, sus entonces socios, José Antonio Vidal y José Vives para el diseño de la Torre de Ripalda, un nuevo edificio de apartamentos de lujo en una de las zonas más apreciadas de Valencia. En el edificio que, desde entonces, se conoce como La Pagoda, Escario y sus colegas crearon un icono en Valencia muy apreciado por los valencianos y un hito de referencia en su creciente cartera de diseños arquitectónicos.

Al preguntarle cómo concibió un estilo de edificio que es apreciado por sus ocupantes y por los ciudadanos valencianos en general, Escario dice: “Siempre empiezo el proceso creativo concentrándome en los elementos esenciales. En primer lugar, analizando la ubicación y configuración del terreno, lo que te da la proporción y la orientación del edificio. En segundo lugar, escuchando atentamente los requisitos del cliente, lo que te da una idea del aspecto y función deseadas del edificio. Cuando estos elementos  se casan con los requisitos técnicos y prácticos es cuando la configuración o estilo del proyecto empiezan a tomar forma. ”

En este caso, el resultado es un clásico moderno que proyecta estilo atemporal y pureza de formas que incorporan elementos con belleza y funcionalidad a la vez. Una de esas licencias consiste en la peculiar manera en que las líneas convergentes de la fachada no son convencionalmente agudas, sino más bien se abren y albergan, o no, mas jardineras amplias que animan al conjunto y le han dado características al edificio en forma de cuña. Hay muchos elementos de calidad y confort en las viviendas, de seguridad y funcionalidad, de diseño y belleza del edificio que le otorgan el beneficio de situarse a un nivel más elevado que muchos de los edificios de Valencia; sin embargo, es este “pequeño” detalle de diseño en su fachada el que más pronto ha llegado a formar parte del entorno y el que le hizo ganarse el sobrenombre popular de ‘La Pagoda’. Los afortunados ocupantes que pueden llamar a este edificio, casa, aprecian, además, el modo en que Escario ha recreado el confort, la elegancia y el espacio de una villa de lujo en el centro de la ciudad, lo que hace que sea ésta una de las direcciones deseadas.

Desde que terminó ese proyecto emblemático, que sin duda no le hizo ningún daño en su carrera, Antonio Escario apenas ha conocido un momento de tranquilidad con la realización de proyectos tan diversos y delicados como son los centros de arte y modernas iglesias situados en un parque de Albacete, su ciudad natal, el diseño de ultramodernos edificios de oficinas en Sevilla, edificios universitarios y Centros de investigación de alto nivel y la conclusión del icono de 53 plantas, el Gran Hotel Bali en Benidorm, que ha sido, por mucho tiempo, el hotel más alto de Europa.

También tuvo tiempo de ser, durante 18 años, profesor de proyectos y final de carrera en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia, una institución que ha formado, entre muchos otros,  a arquitectos de la talla de Santiago Calatrava.

Preguntando por Calatrava dice que ha conseguido implantarse en el mundo y mover opinión y eso es lo importante. Estoy orgulloso de él como alumno de la Escuela de Arquitectura de Valencia, como gran Arquitecto y como hijo de tradición Arquitectónica de Valencia.