
Entre playas blancas y acantilados, con la Sierra de Bernia como telón de fondo, este pueblo mediterráneo invita a un Ãntimo y sugerente recorrido por el arte y la historia
Cielo, tierra y mar. Ya lo supieron los Ãberos, los griegos y los musulmanes. Un rÃo llamado de la salud. Una torre en lo alto de la colina, la Vella Guarda. Un pueblo que abandona su emplazamiento primitivo y se traslada buscando refugio y protección.
No podemos hablar de una, sino dos: Altea la Vella, asentamiento de las culturas ancestrales y la posterior villa de Altea. En Altea la Vella, un via crucis con capillas blancas y salpicado de cipreses, hace ascender por el Calvario que protege el camino a la cruz. Tras un escondido repecho, descubrimos en lo alto una preciosa capilla. No muy lejos, en la fuente del Garroferet, fundada en 1884, se reviven momentos históricos junto a unas maravillosas vistas. La aldea no ha perdido los vestigios de su pasado y tiene algo muy Ãntimo que parece anunciar la suerte de la que será algún dÃa la otra.

Originario del griego Altahia, su nombre significa “yo curo“, posiblemente también por la proximidad del aludido rÃo Algar, que, a pesar de que ya no fluya, bien podrÃa seguir sanando, por memoria de lo que fue, el espÃritu del visitante.
Al abrigo de la torre-castillo y de la bahÃa, encontramos el nuevo habitáculo, donde los cristianos fundaron la actual Altea. La Plaza del Convento es la puerta al casco antiguo. Accedemos a un laberinto de calles empinadas y estrechas, escaleras y miradores, todo ello tocado con piedra. En la cumbre, la gran plaza y su omnipresente iglesia dedicada a la Virgen del Consuelo. La cúpula, que le pone la guinda al pastel, es la más representativa del estilo levantino, por su preciosa cerámica vidriada, azul con tesela blanca.
Desde un lado de la plaza se puede disfrutar de las vistas a la bahÃa y al interior de la comarca. Con tanta cuesta y ante tan espléndida estampa, uno se da cuenta de que solo ha tomado uno de los caminos y que cada calle es diferente. Calles ocupadas por numerosos talleres artesanales, galerÃas de arte y restaurantes, con un halo de bohemia que todavÃa resulta un misterio al visitante.
Indagando sobre el por qué de semejante mezcolanza de arte, tradición artesana y cultura impresa, cualquier lugareño es capaz de evocar la visita de numerosos artistas, y también, grandes artistas que, en búsqueda de tranquilidad y tal vez inspiración, han hecho de esta población el fascinante conjunto histórico-artÃstico que hoy es.
La vida cultural de Altea ha estado ligada a la presencia constante de artistas a nivel internacional: Rafael Alberti, Marc Abel, Vicente Blasco Ibáñez,… Encontramos numerosas manifestaciones de la vida artÃstica: la magnÃfica Casa de Cultura, el Museo de pintura Navarro-Ramón y la Fundación Eberhard Schlotter entre otros.

Musicalmente hablando el “Palau Altea”, el Conservatorio de Música, y la Villa Gadea son grandes referentes. La última, Centro Internacional de Unesco para la Música, es una hermosa casa-palacio y antigua finca de labor, que alberga la exposición permanente de los ”Instrumentos Musicales del Mundo” de Carlos Blanco Fadol reconocida a nivel internacional, entre otras numerosas exposiciones. El Ayuntamiento de Altea también ha promocionado una serie de clases magistrales a cargo de los mejores profesionales del mundo de la música.
La presencia institucional de la Universidad Miguel Hernández, en la actualmente se imparten las carreras de Bellas Artes y Danza y en un futuro acogerá las de Historia del Arte, Ciencias y Artes Cinematográficas, Arte Dramático e Historia de la Música, es otra consecuencia más del florecimiento artÃstico de antaño.
Algo tiene Altea que embelesa. Este es un pueblo con encanto que desprende una reminiscencia evocadora. El viajero no sólo observa, descubre la sugestión que le provoca, como si fuese un lienzo lleno de formas y colores con una luz diferente. Por eso ha sido y es refugio de artistas y creadores e intelectuales. Entre todos la han hecho una estampa imborrable de la memoria.
Descendemos hacia la ensenada que acoge el Paseo MarÃtimo, donde la sierra de Bernia se precipita en el mar por los salientes que enmarcan calas, islas y cuevas a lo largo de más de 6 kilómetros. Desde el puerto deportivo hasta los acantilados de la costa norte, pasando por el barrio pesquero y las calas de gravilla, el visitante sigue deleitándose con la portentosa belleza que le ofrece este rincón de Mediterráneo. Desde aquà vemos el mundo iluminado con una mayor intensidad.
También en Altea podemos hacer un alto para disfrutar de los más sabrosos platos marineros, especialmente el caldero o el arroz a banda con alioli.
Fechas destacadas
En septiembre, fiestas de los Moros y Cristianos en honor a San Blas.
Durante el verano la colorista Muestra de ArtesanÃa
Altea está situada en la bahÃa que cierran la Punta Albir y el Morro del Toix. Dista 10 kilómetros de Benidorm, 15 de Calpe y 51 de Alicante. La cruza la N-332 y dispone de salida en la AutovÃa A-7 (Salida 64)
Por: MarÃa MartÃnez Balaguer






